PIONEROS DE LA INDUSTRIA MOLINERA EN AREQUIPA

img_10Afines del siglo XIX, el portón de acceso al molino lucía un letrero de Las Mercedes, tomándose el nombre de la patrona divina por cuya profunda fe a la Virgen de Las Mercedes y sobre todo al empeño personal mostrado en su capacidad de trabajo y visión empresarial que caracterizaban a mi bisabuelo.
En efecto, Don Francisco J. Cornejo, nacido en el seno de una familia española, fue un destacado hombre de negocios, así como notable ciudadano y benefactor con muchos y permanentes inquietudes desde las vinculadas al funcionamiento de sus molinos -donde la Mecánica Hidráulica era su pasión- así como las finanzas de sus negocios; de profundas convicciones espirituales, las mismas que plasmó como pionero de la industria molinera en un medio que siempre fue dificil por las limitaciones de nuestra muy pequeña ciudad de aquellos años. Al casarse con la Sra. María Isabel Iriarte, tuvieron hijos formados dentro de un ambiente de respeto recíproco, práctica de valores, del estudio e investigación, preparados para los negocios y que más tarde siguieron los pasos de su padre.

Progresivamente fue organizando e implementando 3 pequeños molinos ubicados en diferentes distritos de la ciudad; con la experiencia lograda y acumulada por años logró adquirir en 1881 un antiguo y viejo molino llamado “La Fábrica”, el mismo que lo rediseñó y modernizó dotándolo de mejoras en el aspecto hidráulico, mecanismos de rotación a través de las piedras de forma circular -de piedra granito- con diseños especiales mediante labrados hechos por técnicos locales y también expertos italianos que estuvieron de paso, lo que contribuyó a posicionarse en el escalón más alto de los molinos arequipeños.

El complejo molinero contaba con sus propios depósitos de granos, así como de productos terminados (harina procesada y ensacada), lista para la venta y/o devolución a terceros que habían dejado su grano para ser molido. De otro lado, tenía áreas dedicadas a la administración, contabilidad, mantenimiento y reparaciones, rodeadas de hermosos jardines y pintorescos huertos de legumbres y árboles frutales, y por el costado izquierdo discurrían las aguas del canal que se depositaban en una presa.

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Aproximadamente a una distancia de 140 metros de nuestra Plaza Principal, bajando por la calle Consuelo y en las inmediaciones de la ribera del río Chili (entre los puentes Bolognesi y San Martín), entre la belleza natural de vegetación y donde se respiraba aire puro, libre de contaminación, destacaba el complejo molinero, un tanto confundido con el paisaje que lo circundaba y donde el runruneo de las piedras del tipo ‘situada Horizontal” quedaba minimizado por el sonido del agua cuando caía de altura para mover las paletas y producir la rotación del Sistema Hidráulico y el olor a harina recién molida invadía con su aroma todas las instalaciones en un área cercana a las dos hectáreas.

Este tipo de molino llamado de Rodezno o “Rodete” ya que el agua tomaba fuerza durante su calda de altura a través de una embocadura estrecha (saltillo) y permitía el giro de una rueda horizontal -Rodezno- que llevaba unas paletas para absorber la energía. La referida rueda ubicada en la parte baja de las instalaciones -primer piso- permitía la transmisión de su giro mediante un eje conectado a las piedras “volanderas”, que estaba ubicado en un segundo nivel y que al realizar su rotación sobre una piedra estática o “solera”, y con la alimentación del grano a través de una tolva se iba introduciendo el mismo que inmediatamente era triturado por permanecer dentro de superficies casi en fricción (la separación era graduada con reguladores) cayendo la harina en un depósito y luego envasada en sacos especiales.

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Su implementación con las condiciones impuestas por el desarrollo de la tecnología a lo que se sumaba una mano de obra no calificada y menos tecnificada -ofertada por el medio-emprender estos negocios era meterse nada más y nada menos que en una verdadera hazaña. Cuando el hijo predilecto de Francisco J. Cornejo -Gerardo Alberto- mi abuelo, regresa a nuestra ciudad, luego de terminar sus estudios de Arquitectura e Ingeniería Civil en España, con nuevas ideas motiva a su padre para hacer modificaciones y mejoras de diversa índole.

Pusieron especial atención en el canal que llevaba agua al molino con un recorrido de 315 metros contados desde el pie del Puente Bolognesi (lugar de la toma de agua), hasta que terminaba en la pequeña presa de almacenamiento dentro del molino. El canal tenía una sección promedio de 1.50 metros x 1.50 metros, con paredes en su mayor parte de piedra con fondo igualmente empedrado con diversas compuertas (planchas de fierro), con marco de rieles y cremallera para la apertura y cierre del canal. De otro lado, contaba con un sistema de desagüe con sus respectivas compuertas que permitían eliminar el agua excedente al río. Una anécdota, que desde niño se me quedó muy grabada era la referida a la manera cómo mi abuelo Gerardo dio solución definitiva a las inundaciones en las salas de máquinas del molino.

¿Qué acontecía? Durante los meses de fuertes lluvias -diciembre a marzo- que con gran exactitud se presentaban cada año y como consecuencia provocaban la avenida (crecida considerable del caudal del río) ocasionando inundaciones por efecto de la pérdida de control sobre las aguas del extenso canal.

Estas indeseables inundaciones que se repetían una y otra vez, ya que en aquellos años que iban marcando el fin del siglo XIX y principios del XX, tener operativo el molino en toda su capacidad instalada, tal como disponía mi bisabuelo, para mantener la productividad, dada la clientela ya formada durante años, principalmente por la calidad de la elaboración de sus productos era lo más importante; habiendo tenido 14 trabajadores permanentes para el funcionamiento de todo el complejo, fijando las pautas para la producción de harina de trigo de alta calidad. La enorme cantidad de agua que llevaba el canal se acumulaba necesariamente hasta su ingreso ala presa de almacenamiento produciendo excesos de presión teniendo inevitablemente que llegar a la paralización de operaciones y por tanto de la propia producción. Mi abuelo Gerardo, observando el enorme caudal del río estudió la forma de hacer correcciones al diseño del canal consistentes en desvíos científicamente calculados, dándole inflexiones que permitían disminuir la velocidad y volumen del agua desde su origen hasta su destino. De otro lado, también en algunos tramos del canal logró instalar una suerte de válvulas que eliminaban nuevamente hacía el río el exceso de agua, regulándose así a voluntad la cantidad que debía mantenerse como suficiente y necesaria. Una vez implementadas estas mejoras no se volvió a sufrir los efectos negativos de obligadas paralizaciones. Mi abuelo Gerardo rediseñó gran parte del sistema de alimentación de agua, permitiendo una mayor velocidad de rotación de las paletas, traducido definitivamente en un movimiento más rápido del árbol de transmisión y luego hacia la piedra giratoria, que al final, al ganar mayor cantidad de revoluciones producía una mejor eficiencia en la molienda de los granos.

Con la innovación de que se podía producir suficiente cantidad de electricidad partiendo del propio diseño de los equipos, mi abuelo y su hermano Francisco viajaron a Estados Unidos en una visita programada a proveedores en Brocklyn y Nueva York para comprar maquinaria pensando en una mayor capacidad instalada. Algunas cifras y datos sobre la producción muestran el desenvolvimiento que tuvo el “Molino de las Mercedes” por la aplicación rigurosa de una administración científica del trabajo, un buen diseño de control interno para todas las fases de actividad. También se tuvo una Contabilidad de Costos que permitía conocer a detalle los resultados.

El correcto manejo de inventarios permitía ver cuán rápida era la rotación de stocks dentro de los tiempos previsto% siendo el único problema la poca o pequeña producción de trigo de nuestros campos, por lo que obligadamente parte de la materia prima tenía que importarse de Chile.

Fue el único molino que durante varios años contaba con “Patente de Primera Clase”otorgada por el Concejo Provincial, ya que con una capacidad instalada -única en Arequipa- para la molienda de 7 niveles, que reducía progresivamente el grano en harinas cada vez más puras, siendo los únicos que producían la harina en “Hoja” y “Flor” -la más fina empleada en repostería- estando hasta con sus 18 trabajadores en capacidad de atender pedidos de diversa calidad de harinas tanto localmente como del interior del país.

El promedio mensual de producción total (incluyendo toda la gama de harinas) era aproximadamente 12 toneladas/mes. Los cuadros de movimiento general de existencias entre Julio y Diciembre de 1919 muestran la capacidad operativa y los nombres de sus principales clientes. A través de esta breve ilustración que resalta los valores de nuestros antiguos industriales, es motivo para rendir especial tributo a mi bisabuelo Francisco y abuelo Gerardo, por haber liderado durante más de 50 años consecutivos la industria molinera en Arequipa con gran éxito y ejemplo para la posteridad.

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La gestión de mi bisabuelo no solamente abarcó lo relacionado al”Molino de las Mercedes” sino que también fue accionista y Director del Banco de Arequipa entre los años 1879 al 1885, así como el mejor manejo de sus propiedades. Cuando fallece en el año 1906 fueron 5 los hijos que tomaron el control del molino y formaron la sociedad “Cornejo Iriarte Hermanos”, liderados por Gerardo, quien asumió como: Gerente, ingeniero de planta, representante legal y abogado de la empresa, siguiendo en las actividades complementarias, Francisco y José Segundo.
Los hermanos Cornejo Iriarte se propusieron efectuar mejoras que estaban focalizadas en los siguientes aspectos: -Mayor eficiencia y productividad. -Mantener el liderazgo en el mercado, llegando a tener una producción equivalente a los 2/$ del total producido por los molinos en la ciudad.
-Mejoras enfocadas en la renovación de maquinaria que había estado operativa durante muchos años, teniendo que ser su reemplazo gradual dado el hecho de que paralelamente existían proyectos para la implementación de líneas afines a la industria molinera de trigo. En el año 1919, se produce la gran depresión mundial, que afecta a todo tipo de negocio, y la familia Cornejo Iriarte decide la venta del molino.

 

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