Desafíos claves para la gestión del agua en la región de Arequipa

Mgtr. Benigno E. Sanz Sanz

Profesor del Departamento de Ingenierías de la Industria y el Ambiente de la Universidad Católica San Pablo

La región de Arequipa enfrenta un escenario hídrico crítico, con proyecciones de disminución de la disponibilidad de agua superficial y reducciones significativas del caudal fluvial hacia finales de este siglo, incluyendo la ocurrencia de ríos temporalmente secos. Pese a este contexto de escasez, el riesgo de inundaciones se intensificará, evidenciando una compleja coexistencia de sequías e inundaciones. Esta situación se ve agravada por el deterioro progresivo de la calidad del agua, ocasionado principalmente por el entorno urbano y sus actividades asociadas.

Arequipa se localiza en la ecorregión del desierto del Pacífico, la zona no polar más árida del planeta, que se extiende desde el norte de Chile hasta el norte del Perú, entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes, con influencia sobre áreas de Bolivia y Argentina.

Esta ecorregión enfrenta un proceso progresivo de aridificación, asociado principalmente al cambio climático, que –según un modelo de escenarios publicado en American Journal of Water Resources en 2025 denominado Rutas Socioeconómicas Compartidas (Shared Socioeconomic Pathways, SSPs)– proyecta una reducción acumulada de la escorrentía (flujo de agua superficial) de hasta 19.8 % para toda la región. Asimismo, se estima una disminución promedio del caudal fluvial (agua de los ríos) entre 83 % y 86 % hacia el período 2075–2079 en los ríos Chili, Sumbay y Colca, un aumento en la frecuencia de ríos temporalmente secos y un acortamiento significativo de la estación húmeda (hasta 46.8 días en la cuenca del río Chili). Estos cambios comprometen la disponibilidad hídrica para el abastecimiento urbano, la agricultura y los ecosistemas dependientes del agua.

Paradójicamente, la aridificación proyectada no implica una reducción del riesgo hidrológico extremo, sino su intensificación. Los modelos de hiperresolución –herramientas de simulación climática e hidrológica fundamentales para comprender el futuro hídrico de Arequipa, dada la complejidad de su geografía– indican un incremento sustancial en la magnitud y frecuencia de eventos extremos durante la estación húmeda. Este aumento es particularmente relevante en cuencas como la del río Colca, principal aportante de agua para aproximadamente la mitad de la irrigación de Majes y componente clave de la seguridad alimentaria regional. En esta cuenca, los eventos de escorrentía extrema podrían multiplicarse más de once veces.

Asimismo, los aportes a los reservorios podrían aumentar hasta 216 % hacia el año 2100, superando la capacidad de almacenamiento existente y generando pérdidas significativas de agua hacia el océano. Esta situación incrementaría la vulnerabilidad a inundaciones y flujos de detritos aguas abajo, tal como se señala en el estudio Arequipa’s Water in the Short Future: a Hydrologic Outlook in an Arid Peruvian Andes Region Utilizing Hyperresolution RCM and CREST-VEC Model Simulations Under SSP5-8.5 (2025).

A este escenario de estrés hídrico se suma un deterioro progresivo de la calidad del agua, especialmente en la cuenca Quilca-Vítor-Chili, principal fuente de abastecimiento para la ciudad de Arequipa. Además de los contaminantes habituales (diversas taxas biológicas de patógenos, 49 tipos de metales, nitratos y fosfatos, así como registros de 77 compuestos orgánicos, pesticidas y detergentes) reportados en el artículo “Surface water quality database for five watersheds in the Arequipa region of Southern Peru”(2024), se ha identificado la presencia de contaminantes emergentes.

En particular, se ha reportado la presencia de microplásticos, con concentraciones medias de 35.34 MPs/m³ y valores máximos de hasta 172.70 MPs/m³ en zonas urbanas (MPs/m³. Esto indica cuántas partículas individuales de plástico se encuentran flotando en cada metro cúbico de agua del río), lo que confirma una contaminación generalizada asociada a descargas urbanas y actividades antrópicas, según la investigación “First evidence of microplastics in the Quilca-Vítor-Chili river basin”. Este problema se intensifica por la actividad agrícola, debido al uso extensivo de plásticos para mulching –práctica que consiste en cubrir el suelo con materiales orgánicos o inorgánicos para conservar humedad, controlar malezas y regular la temperatura– y de cintas de riego (utilizadas para el riego por goteo), que al degradarse por la alta radiación solar se fragmentan en microplásticos arrastrados hacia los cauces fluviales.

La integridad de estos cuerpos de agua se ve seriamente afectada por vertidos directos de aguas residuales, especialmente en las zonas altas de la cuenca oriental, que abarcan distritos como Chiguata, Paucarpata, Characato, Sabandía, Socabaya, Mollebaya y Yarabamba, así como otros distritos aledaños, donde numerosos centros poblados carecen de servicios de alcantarillado. Esta deficiencia en la infraestructura sanitaria, sumada a la ineficiencia de los tratamientos primarios en algunos municipios, genera focos de contaminación crítica, particularmente evidentes en la confluencia de los ríos Tingo Grande y Chili.

Frente a este contexto, la implementación de una gestión hídrica integrada y adaptativa en Arequipa constituye una necesidad imperativa. Resulta impostergable fortalecer el almacenamiento mediante la evaluación de la capacidad y el control de la sedimentación en los reservorios existentes, a fin de capturar los incrementos de flujo proyectados para la estación húmeda y evitar la pérdida de volúmenes estratégicos de agua hacia el océano. De igual manera, es urgente establecer medidas efectivas para el control de la contaminación.

Estas estrategias adaptativas requieren superar la actual fragmentación institucional mediante la creación de una base de datos unificada y accesible, que garantice una toma de decisiones coherente y basada en evidencia para la supervivencia del ecosistema y la sociedad. En un contexto de cambio climático y condiciones áridas, el superávit hídrico actual no garantiza estabilidad futura: la seguridad hídrica de Arequipa es frágil, y el modelo de gestión vigente se encuentra próximo a su límite operativo frente a las crecientes presiones climáticas y la demanda humana.

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