En el Perú del siglo XXI, el diagnóstico es pavoroso y el pronóstico angustiante.

El Perú atraviesa por una profunda fractura política, social, cultural, y sobre todo geoeconómica, marcada por la desunión, desidia y el desconcierto, aspectos que nos están conduciendo a perder el equilibrio de nuestra identidad y de la realidad nacional, y a la vez, con el agravante de perder la desconfianza internacional.
Es una situación difícil que podríamos calificarla como “un grave estado de desocupación mental”, del bien para dar paso a la ocupación del mal, donde todos los actores de la vida nacional son participes, situación que nos empuja al vacío y a la pérdida del objetivo común, a la distorsión de la visión de futuro y a la desesperanza, aspectos que además corroen no solo la paz y la armonía interna sino, el sentido de la existencia misma, resumiendo este estado de cosas en ese dicho que inspira temor y dice, “sálvense quien pueda”. Además, porque no decirlo, está generando una culpabilidad generacional flagrante, por la falta de compromiso e indiferencia de la alta dirección del país, en cuanto a los objetivos nacionales, que son responsabilidad tanto de la parte pública como de la privada.
Este estado de cosas, nos recuerda el pecado de no saber valorar el legado de los ancestros y tampoco, el precaver el futuro con el sentido del deber y la responsabilidad, porque el aporte generacional del saber legar no lo tomamos en cuenta, si tomamos conciencia que lo que recibimos de atrás en forma exitosa, tenemos que añadirle un valor añadido para beneficio de nuestros descendientes, y de esa manera entregar en las mejores condiciones la posta del destino a los ciudadanos del futuro. Esta actitud también incluye a la historia, poniéndola en la disyuntiva, de calificar bien o mal el nivel de comportamiento en el paso de esa posta, la que puede ser exitosa si es fecunda, o deficiente si el legado es gaseoso y disfuncional, todo un hecho que podría convertirse en el lastre generacional de esta época, ese que no supo cumplir con el mejoramiento continuo, con el esfuerzo de equipo, con el compromiso y con la solución de nuestros problemas, y que no le dio valor agregado al bienestar de los peruanos, al no poder pasar la posta correctamente, convirtiéndola en un simple paquete desprovisto de valor añadido achicando nuestra presencia y reduciendo a la mínima expresión nuestro aporte sin pena ni gloria.
Producto de este cuadro lamentable, se agudiza un antagonismo -con razón o sin razón- que vivimos y que nos tiene inmovilizados como país, el que está generando un costo intangible e inconmensurable están abandonando el país, frustrados y decepcionados, millones de jóvenes ciudadanos bien formados y capacitados los que son el capital más valioso en el que hemos invertido tiempo y dinero con el fin de tener un futuro exitoso, quienes parten para servir al vecino de ultramar.
La grave crisis que venimos pasando el último cuarto de siglo no solo nos ha desmotivado desorganizado y confundido, sino que nos ha conducido a la desunión, a la pérdida de principios y valores, a la inmoralidad, a la ilegalidad, a la informalidad y a la absoluta ilegitimidad de la clase dirigente, y está dejando constancia del mal manejo en los sectores públicos y privados en cuanto al quehacer nacional, pero lo que es verdaderamente muy lamentable, es la reducción del conocimiento y del saber en un momento en que el factor humano es el factor esencial para competir, innovar y crear, y si osamos en compáralo con el promedio de rendimiento en tiempos pasados medido por resultados, estos son totalmente deficitarios por donde se vea, llegando a la conclusión de hoy sabemos menos que ayer, y de esta forma estamos cumpliendo esa igualdad decreciente y hacia abajo que pregona n las izquierdas, y no el que deberíamos promover que es el acumular más conocimiento para entrar en el ritmo del mejoramiento continuo. Es por eso que nos conducimos mal y no rendimos profesionalmente para alcanzar ser competitivos y productivos, lo que nos pone en un panorama de incompetencia en el contexto internacional, y en el estrepitoso fracaso de todos y también del todo, y de cada una de sus partes. Por consiguiente, este lamentable espectáculo nos ha puesto nada más y nada menos al borde del precipicio rumbo al vacío, salvo naturalmente honrosas excepciones reconocidas y valoradas por su exitoso y fecundo aporte a nuestro querido Perú. Pareciera que las palabras respeto, orden, concordancia, gestión, calidad y eficiencia, han sido borradas del diccionario peruviano.
Leer todos los Artículos en la Revista Parque Industrial
Leer Aquí

Comentarios recientes